(...)
La imagen que he visto hoy ha dejado una sensación en mi pecho, que aunque aguijonera, ruego no se (me) disipe.
Una sensación con forma de llave.
Tacacoma
Había algo en el aire atravesando las quenas norteñas, algo en la fuerza del golpe en los bombos, algo en la pasión de los dedos despeinando las cuerdas del charango. Una y otra vez los pelos de mis brazos desperezándose, alzando carteles que no alcanzo a leer. Desde la cal de las paredes de la urbe que me alejan incansablemente del viento de los cerros vírgenes, escucho que es la libertad la que estalla en la garganta de quien canta, en el cuerpo de quien baila, en el cuero del tambor. Yo testigo queriendo entremezclarme en ese ritual de liberación, en el que los más oprimidos se vuelven pájaros, dejando obsoletos y suspendidos los metales que hemos dado en llamar monedas. Yo testigo, acepto la invitación y exilio por un instante mis opresiones. Sobrevuelo lo cotidiano, me sobrevuelo. Los pelos de mis brazos subvertidos se despeinan en esa casi mística comunión de libertad.
Buenos Aires
el cielo azul rechina los dientes,
y un gato que lo usa de fondo
cruza al balcón de enfrente
el felino inocente
usa el cable que roba cable al vecino
de clandestino puente
te lo digo,
se cruzan los gatos
(agazapados pero sensuales)
al balcón de en frente.
tatuadas las cuerdas
en tus dedos largos
modestas arrugas
de paisano sabio
*
“medio descalcito”
llamabas lindamente
a aquel changuito
de madre ardiente
*
eras voz áspera,
con el corazón de horizonte
eras una guitarra
en tu caballo al trote
*
¡Ay Atahualpa, buen hombre,
con mayúsculas se escribe en mí
tu nombre!
todo lo que puedo ver todo lo que puedo ver es un territorio plagado de objetos, hilos, colores y figuras extrañas moviéndose, acercándose...